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Hipoterapia, equinoterapia o rehabilitación ecuestre, todas estas palabras se refieren a lo mismo pero con sus pequeños matices. Podemos decir que la equinoterapia engloba los otros dos términos e incluso incluye alguno más, pero según el profesional y el tipo de terapia que utilice casi siempre usará un único término para dar a entender que tipo de trabajo hace. La equinoterapia se puede dividir en 5 puntos: · Hipoterapia: se basa en la rehabilitación totalmente física en la que el paciente, por su grave discapacidad física y/o cognitiva no es capaz de hacer ninguna acción por sí mismo sobre el caballo y necesita de otra persona para poder montar, dirigir los ejercicios y corregir las posturas. · Rehabilitación ecuestre o Equitación terapéutica: en esta vertiente el paciente tiene cierta autonomía pero siempre ha de ser supervisada y guiada por otra persona para poder realizar la sesión. · Equitación adaptada: este es el punto en el que el paciente ha integrado las normas básicas de la equitación desde la higiene a la monta y después de esto las ayudas para poder guiar al caballo. Llegado a este punto, el usuario pasa de ser paciente a practicar la equitación, ya que usa este método de manera lúdica o deportiva, aunque siempre siendo supervisado para mejorar, corregir o adaptar su capacidad a la actividad de la equitación · Equitación deportiva adaptada: se incluyen a los usuarios en las prácticas deportivas tanto a nivel local como internacional. Normalmente el material que se utiliza está adaptado a la discapacidad y se compite en niveles deportivos especiales. · Equitación social: se conoce este término como la capacidad de mejorar la relación social a través del contacto con el caballo, ya que estos animales cuenta con una gran empatía y reconocen perfectamente a la persona con la que se va a relacionar adaptando su carácter a la situación. Las personas que realizan hipoterapia se benefician, a través del ritmo del caballo, de la activación de su musculatura y de la movilización pasiva de sus articulaciones; y por medio de su ritmo cadente, de la introducción de un patrón de marcha en su esquema corporal. El simple hecho de montar a caballo ayuda a integrar a la persona en el mundo que le rodea. Los beneficios de esta terapia son la relajación, la interacción con el medio, la confianza, coordinación y equilibrio; y todo ello gracias a la empatía del caballo con el usuario. Centrando la atención en la hipoterapia hay que decir que es la técnica en la que más se basan los fisioterapeutas, debido al tipo de trabajo que se hace. Los pacientes que acuden a estas sesiones son personas que precisan de asistencia en todo momento. Las ventajas que aporta esta terapia a estos pacientes son la mejora de la función muscular y articular en su conjunto, puesto que a nivel individual es difícil, a través de movilizaciones, ejercicios o trabajos indirectos, conseguir una respuesta directa y específica de la zona a tratar, sin que ésta se vea sometida a esfuerzos, cargas u órdenes que el propio paciente no sabe hacer frente. El equilibrio es la primera asignatura a abordar en esta terapia. Una vez logrado se podrán desarrollar otras acciones más específicas. Para el caso de que el paciente no sea capaz de mantenerse por sí solo sobre el caballo, el fisioterapeuta le acompañará sentándose detrás de él, hasta que sea capaz de cabalgar por sí mismo. Uno de los objetivos del equilibrio sobre el caballo es el de lograr la estabilidad cefálica (es decir, mantener la cabeza recta), puesto que ello juega un papel importante a la hora de conseguir la estabilidad total del tronco. La cabeza indica la dirección que tomará su cuerpo: si la cabeza tiende a caer hacia delante, su cuerpo se desplazará hacia delante y si su cabeza se mantiene en la línea de la columna vertebral, su tronco conseguirá mantenerse más erguido. Por ello, hay que conseguir que el paciente la mantenga siempre levantada y mirando al frente para conseguir un buen asiento y una postura correcta. Una vez obtenido el objetivo del equilibrio sobre el caballo, se van introduciendo pequeños ejercicios con el fin de dar lugar a nuevos desequilibrios. De esta manera, los receptores musculares y articulares desarrollan nuevas respuestas ante nuevos estímulos. Con esta técnica se persigue una adaptación del sistema nervioso y que el cerebro elabore una respuesta más rápida, lo cual lleve al paciente a mantener nuevamente el equilibrio deseado. Una vez conseguido un equilibrio óptimo, el siguiente paso es trabajar la coordinación de brazos y piernas, ojos y manos e incluso ojos, oído y manos. Para ello, se proponen diferentes ejercicios disfrazados en juegos, para que el paciente siga teniendo la sensación lúdica y no médica. En esta fase las herramientas para trabajar consisten en pelotas, churros, música, pinzas, canastas o incluso las propias crines del caballo. Estos ejercicios pretenden un mayor trabajo del tronco y las extremidades superiores. Según la capacidad de respuesta del paciente se integrará el trabajo de las extremidades inferiores. Cuando el paciente es capaz de mantener cierta autonomía sobre el caballo la terapia pasa de ser hipoterapia a Equitación terapéutica. Las sesiones de hipoterapia evolucionan en su contenido y duración con el paso del tiempo a medida que se van realizando, siempre dependiendo de la capacidad comunicativa y/o funcional del paciente. Una sesión normal de hipoterapia dura unos 45 minutos, pudiendo ser las primeras más fatigosas. Además, dependiendo de la capacidad del paciente, éste podrá participar en la preparación del caballo (limpieza y cepillado, colocación de la montura, …). |
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